18.6.10

Capitulo I: Espejitos en venta

Un administrar la decadencia, un saqueo previo hundimiento, una incapacidad busca-excusas, una enconada división de clases, un sálvense quien pueda, un des-orgullo decaído, un país de rodillas.

¿A poco piensa usted, que ganar el mundial, nos sacará del hoyo?

Pero mientras más distracciones existan, mientras más circo nos invada: mejor para nuestra clase política. Así verán desviada la presión que les aqueja, encontraran oportunidad de reorientar su propio destino político, de consolidar tejemanejes antes del precipicio, preservar lo propio, zancadillar al prójimo, resistir el desgaste. Con las elecciones cercanas, pareciere el Presidente intentar capitalizar a futuro, desde Sudáfrica, un posible éxito de la selección, la última baraja que le queda, la apuesta de engañar de nuevo a este pueblo de descerebrados.

Porque en época de futbol, y con violencia en escalada, es más que evidente la alianza redonda por lo no importante. El pasado viernes la selección mexicana paralizó todas las actividades gubernamentales, escolares, de negocios y hasta las campañas políticas. ¿Podemos creer semejante despropósito en esta tierra tan convulsionada? Solamente es posible entender este hecho irracional, visitando al sicólogo de masas. Su diagnostico dirá que existe una masa harta de la cotidianidad, buscando el olvido, permanentemente. Esta alianza entre el gobierno, las televisoras, el futbol, el mundial, la comercialización, propaganda, y sinfín de vericuetos, está pensada para idiotizar al pueblo con su opio redondo, con el jabulani de gajos.

Realmente me apena el nivel de estupidez, lo ridículamente idiotas y enfermos que estamos todos los mexicanos con estas distracciones estériles, incluyendo al que escribe estas letras, que también gritoneo entusiasmado desde temprano, también futbol picante por las noches, también las noticas del empate en los diarios del día siguiente. Lo reconozco: yo también quiero olvidar y evadirme de lo cabronamente duro que esta todo esto.

Cierto: la vida no se puede tomar tan enserio –porque terminaríamos enloquecidos. A mí no me lo tienen que recordar. Les aseguro que siempre he sido un mago para la disipación y el ocio. Pero eso de estar idiotizados hasta el cuello, en un estatismo agónico, en una inmovilidad de no hacer nada, en un miedo perenne, es más de lo que un cerebro medianamente prudente puede aceptar.


Nunca pensé ser aguafiestas, e incuso nunca pensé verme capaz de escribir estas líneas. Pero realmente me duele el corazón al reconocer mi deseo: quiero que la selección regrese de Sudáfrica pronto. Mi estomago me pide victorias, pero mi cerebro me pide no actuar desde el impulso. Ante este opio de masas, irnos bien en el mundial será seguir anestesiados, reivindicar la mierda que asiste a los directivos, a todo el futbol, y dar espaldarazo a un presidente que se enfrascó en una guerra perdida de inicio, y en la cual ya no sabe ni dónde meterse, al frente de una administración que ya no sabe ni que hacer.

Quiero que perdamos pronto. Realmente no quiero que existan obstáculos ni distracciones para este deterioro político que tiene que orillarnos al cambio. Urge darnos cuenta tajantemente de los espejos en venta, de las falsas promesas que nos pintan la cara, de la forma en que los poderosos se aprovechan de esta nuestra estupidez tan dolorosamente histórica, de este México tan burdamente engañado.

6.6.10

Monologo adormilado

Intentar descifrar la vida haciendo el recuento: lo que observo o acaricio al despertar, mi respirar, mi sentir, las probabilidades remotas de éxito que se tornan realidad, la sopa sorpresiva que cae del plato antes de llegar a la boca, mis memorias, la historia de nosotros juntos hiriéndonos.

Nuestra relación nació como una frágil incertidumbre sucediéndose. Un acontecer súbito, que de inicio carecía de pretensiones, de cualquier búsqueda de resultados concretos, de pago de fianzas o prebendas prometidas. Era un simple chocolate amargo derritiéndose en los labios. Una cama sudorosa que compartíamos por la mañana, ella a mi lado, afuera los arboles lluviosos meciéndose, los observábamos desde el ventanal del cuarto, con un frescor apenas perceptible, no tanta luz, nublado el cielo, y calle abajo un par de chavales que brincaba en los charcos, todavía con esperanzas.

No había frente a nosotros ningún auditorio, solos nos encontrábamos en ese cuarto lluvioso, pero aun así su voz no paraba, seguía y seguía, sin distraerla ningún ruido exterior, sin apagarla, un susurro tenue invadiendo las paredes.

--Quiero estar siempre en otro lado. Recuerdo que de niña me mordió un perro la pantorrilla y tuve que correr calles y más calles, hasta que me di cuenta de todo lo que había corrido, por lo sudada que estaba. Mi pie y el calcetín y el zapato llenos de sangre. Tuve que descalzarme allí mismo, y seguir corriendo y correr, era entonces cuando mi padre no estaba con nosotros, así que no tuve nadie con quien ir.

--Nunca he estado cómoda en ningún sitio. Probablemente lo heredé de mi padre que se salía todas las mañanas a vagar por la ciudad, y no lo encontrábamos, y una vez llegó todo golpeado y sangrando, le preguntamos que le había pasado, no nos contestó, se encerró en su cuarto y allí pasó algunos días, se fue luego y no volvimos a verlo en cinco años, un día tocaron la puerta y apareció con su misma sonrisa, mi madre aseguró que era su misma ropa, pero eso ya no lo supimos de cierto, ella lo dejó quedarse dos años más con nosotros, hasta que volvió a desaparecer.

Yo la observaba hablar, la veía con sus pestañas cerradas, con su pelo desparramado en la almohada, deteniéndose, con los labios sellados. Pero no la entendía. Esa separación tan profunda entre nosotros, nunca supimos desenterrarla. Desde el principio la percibimos ignorándola, tal vez porque las posibilidades reales de reiterarnos habían sido ínfimas, tal vez por ello dudábamos que lo nuestro derivaría en un algo mas, arriesgándonos a nulos resultados.

Más de pronto entre nosotros se fue formando un todo que fluyó despiadado, que terminó amalgamándonos, y de aquellas calles en que nos conocimos, de las plazoletas de los primeros años, surgió la esperanza que aun ahora nos da de beber. Pero después vino el infortunio, nuestra separación brutal, y de esos primeros tiempos solo quedaron retazos de lo que éramos, trazos tenues borrados por la memoria que no perdona. Después de años de soledad regresamos a nosotros, por causas que tal vez ahora ni siquiera comprendemos. Aun tenemos objetos domésticos que recelosos observamos con desconfianza.

A partir de entonces vino una calma engañosa a nuestra relación, la calma chicha como en Sudamérica le nombran, y después de otra marejada de infortunios, se nos mostró la reconciliación de estos años, que avizoramos definitiva. Sabemos, sin embargo, que todo recorrido tiene escollos, y que hay jugos que en el vaso se tornan amargos. Tenemos la sospecha de ser mutuos, y sobre ella hablamos, y a ella nos clavamos como estacas. Acaricio sus tobillos al encontrarla dormida, e ignoro si no se despierta por alguna insensibilidad del sueño, o por un deseo de no descorrer un velo que prefiere cegado. Ella parece por fin calmada cuando está dormida, y es entonces cuando yo quisiera que nada pudiera sacarla de ese sueño suyo. Tal vez nuestro estar es fruto de una cómoda situación de la que no queremos despertar. A veces pienso que nunca llegaremos a ninguna parte.

En medio de nuestro drama, nosotros, nos creíamos fundadores de todo, jurábamos haber puesto el primer ladrillo. Aun conversando por las mañanas en silencio, viendo llover los arboles, a mi lado su cuerpo sudoroso, que parece toalla encendida, blanca recostada, un espejo de agua, cristalino, y todo nuestro alrededor es una atmosfera de reflejos, de complicidades y esperanzas, del recuento de lo ocurrido en nuestra vida.

Pero en nuestra fragilidad no hay ninguna certeza: solo el temblor de piel que reconocemos venir, súbitamente, y al cual nos aferramos como estacas.

30.5.10

Copiloto

Carajo -pensé, vaya calle oscura y sucia. Ningún alma. Solo algunos árboles terrosos.

Buscando compañía prendí la radio, y esa voz de locutor, gangosa y garraspeada, con ecos campaneó al interior del auto. Me molestó de inicio su arrastre de las erres, tanto que presioné el botón, casi golpeándolo. Para mi sorpresa, la otra estación se peinaba con su copete relamido, y también en el AM mostraban su concurso de garganta. Busqué otra sintonía a la izquierda, o cinco señales al frente: y siempre su voz ronca en todas las estaciones: "si tu..., nocturno: acompáñame, siénteme dentro de tu auto, este es tu spa: yo soy tu copiloto".

Carajo -pensé, este totalitarismo sí que va en serio.

De pronto el semáforo se puso en verde, mientras él hablaba del clima: acelere. Mi nave era metálica y las calles se alargaban: túnel oscuro tapiado por su sonsonete modulado, sueño de publicista gubernamental que aleccionando arrullaba. Algo dijo de la colección de pashminas de la primera dama, y de su buen gusto; algo de la declaración del procurador, que confirmó en definitiva la muerte accidental de esa niña en el colchón; algo de los índices optimistas de crecimiento para el cierre del año; de los resultados de futbol, obviamente, y de las actividades del presidente, que había sido recibido con honores inusuales por su homólogo en el extranjero. Su coco-wash era embrutecedor: el país iba bien: la contención para que la prole no explote en su miseria diaria.

Precisamente su voz moldeaba un discurso superfluo: como hablándole a un pueblo oculto e ignorante, asustado, escondido, la calle vacía, los arboles terrosos. Una calle recta de kilómetros extensos, un lineal trayecto que contrastaba con un mensaje disperso y desconcertante, con tintes de miedo que ya la media noche alcanzaba, el recuento de los operativos y los muertos en los estados fronterizos, los indicadores concretos de la guerra que vamos ganando, y la voz de nuevo –garraspeante, con su colofón de gloria: "no te me vayas..., no te alejes..., siénteme a tu lado, este es tu spa: yo soy tu copiloto".

Mierda –pensé, que buen trip.

Y estuve cerca de golpear el botón y apagar su discurso, más el morbo me contuvo–obviamente: ¿Cuál cosa es más eficiente para mantenernos quietos?

Permanecí escuchando porque ahora hablaba algo de la madre de esa niña, que según esto le prestaba las nachas al entrenador de su gimnasio. Y así me quede enganchado, tamaño error. Porque después mencionó de nuevo sobre las órdenes gubernamentales de no salir a la calle. Del toque de queda. Del riesgo existente ante los grupos represores, y eso lo repitió, frente a una luz amarilla centellante y una luz roja, en la cual tuve que detenerme. Algo escuché que dijo sobre unas caras escondiéndose detrás de los árboles. Vi una torreta amplia y dos rifles que irrumpieron a mi izquierda, con cachas de plástico, sacándome de las greñas del auto, mientras esa voz ronca, que ahora tenía tintes cínicos, hablaba de tu propia historia, de esa que no veras y que tendrá que suceder junto a la violación del yo, porque ahora solamente tienes en tus ojos una oscuridad de capucha negra.

Entonces tratas de acordarte de las curvas. Tratas de identificar los sonidos, algo que te indique el camino, que te permita reconocer el dónde. Te desorientaras, sin embargo. Solo habrá un largo camino, una terracería, unos ladridos lejanos, y la respiración cercana del frio cañón de un arma de fuego. Tratas de adivinar las voces. Caminas unos metros, bajas una escalera, te desnudan a la fuerza, y en una cama de fierros comienzas a recibir un corto circuito en los genitales. Sabes ahora que es cierto, y sabes cómo duele eso, de lo que siempre te hablaron. Ahora te hace sentido la posibilidad de infertilidad. Un molinete de dolor te acupuntura las bolijas, y un alfiler caliente te entra por el orificio de la orina. De pronto, un mazo de nudillos sacude el bolso donde tu cabeza se guarda, un impacto sorpresivo, que la nariz te rompe en pedazos.

Carajo –piensas apagando el radio. Mejor me estaciono y me acuesto y me guardo. Aquí no se puede ni vivir tranquilo.

22.5.10

Acceso Gratuito

Fueron solo dos segundos. Un breve instante de luz, en el que a la izquierda de la puerta, vi sus ojos adoloridos y un cuchillo tasajeándole el pulgar a lo largo. Esa violencia, tajante y continuada, me convenció de vivir más allá de una metáfora de locura insana. De vivir sumido en el pragmatismo estático que brota de lo descompuesto. Entre un sembradío de cabezas agachadas.

Resulta que lo que quiero contar con estas palabras sucias ocurrió en una mañana, en un parque, con gritos y calor y viento y árboles, que moviéndose tiraban sus hojas. Ocurrió en un sábado cualquiera, al fin de cuentas, en el que me había despertado igual que siempre, apesadumbrado, como todos los días. Otras veces me quedo por las mañanas acostado, tirado, viendo el techo, o toqueteándome el frein, pero ese día no sé porqué me dieron ganas de ir al parque, a la casa de los espejos. Así que me puse cualquier cosa y me tiré a raspar la banqueta.

No sé ni porque quise ir, pero en esas andaba, calle abajo pateando la lata. Probablemente quería comprobar lo que me habían dicho. Que el sitio de los espejos se había fundido ahora con el parque. Que ya no solo allí adentro veías adelgazar tu cuerpo mutilado. Que ahora el morbo y la confusión convertían la vida cotidiana en cuchillada al hígado.

Así las cosas llegué al parque, y cruce la larga alameda, solo escuchando mis lentas pisadas, y lo digo para regodearme en lugares comunes --obviamente, porque eso no puede faltar en un texto. Si usted habla de una atmosfera acá medio tenebrosa, y como que acá medio tensa, y si es que acaso anda en un parque --tal vez solitario, escuche las pisadas que lo acompañan, lentamente.

El caso es que por allí me detuve con el de los jugos por aquello del estomago vacio, y porque su changarro colindaba con el sitio de los espejos. Rodeando el muro te encuentras a los indecisos de la entrada, así que allí queda cerca. ¿Además, a quien le importa si el colega lavó o desinfectó los vasos, si esa morena que lo acompaña está bastante potable?

Le pedí un jugo desganadamente. Me preguntó de qué. Le dije que de naranja, y asintiendo sacó las pelotas a trabajar de automático. Presionaba el extractor, y levantaba la cara y cerraba los ojos. Algo oí que murmuraba de unas cabezas encontradas en una hielera. Después vi que de sus dedos brotaba jugo lleno de semillas, que bajaba en un hilillo por la pata de la mesa a la alcantarilla del costado. La morena a su lado, de nariz larga y curtida de carnes, me tenía el cerebro licuado. Bien abastecida de cuartos traseros era potranca de fierro. Hasta el hoyito de su codo era lindo, la condenadota. Cruzamos un par de miradas, y hasta llegue a pensar en presagios de pasiones compartidas. Pero sus aretes deslumbraban con el brillo peligroso que despierta la conquista de lo ajeno.

Me despabiló el golpe seco de su cuchillo en la tabla. Así que no quise indagar más, para que ir más lejos, y mejor le pasé unas monedas esfumándome. Recuerdo haberlo visto metérselas a la boca y escupirlas al cesto. Para que detenernos en pequeñeces, más si la buena nueva es el acceso gratuito a los espejos por orden del gobierno. Tal vez actuaron desde un realismo cínico –pensé, al entrar a los espejos, en un pasillo oscuro donde sentías que te arrancaban el alma.

Allí adentro me sometí al desfiguramiento de una hoja blanca rayoneada, que terminó siendo ilegible. A los abismos de un rostro deslavado. A la cabeza cortada por la desaparición del yo. A la cara deformada con cadavéricos dientes. A todo lo que tatúa, calca, hiere, lastima, carcome. Más no reparé, no huí, no me escondí, no me doblé.

Hasta que al salir de los espejos sentí ese momento de luz. Ese breve instante de dos segundos, en el que vi sus ojos adoloridos enmarcando su nariz azteca, el fino hilillo de sangre chorreando a la alcantarilla, y en el que entendí, sin duda alguna, el porqué de lo gratuito por ordenes del gobierno.

16.5.10

Llave Oxidada

Con los dedos manchados de oxido y sin agua que brote. Intentando pensar inmóvil frente al teclado (porque escribo en un teclado), sin que las letras fluyan. Con las temáticas agotadas a costa de desilusiones, por los juicios del mismo estomago, la consideración con los lectores, o todas las cosas juntas, que sé yo; el mundo está plagado de escusas. La vida diaria es torbellino de cambios raudos, y esta carretera mediatizada de impulsos no es lugar propicio para frenar un segundo, decir aquí estoy, esta es mi historia y aquí trato de encausar una filosofía personal de significados, y en consecuencia escribirla.

Sentirme ofuscado, precisamente equivocado. Por la mañana me pesan los parpados y así permanecen todo el día. La particular referencia al “torbellino de cambios raudos”, a la imposibilidad de freno, tiene más bien tintes de no poder del fracasado, que cualquier otra cosa. Finalmente nunca hubo ni habrá un todo clarividente y transitable, colega. Así que crezca, confórmese, retome la fuerza y escriba desde el instinto. Nunca la luz clara fresca de la mañana bañara los balcones. Todo es un único montón de carne cruda: lo contrario es manifiesto impuesto por un idealismo de banqueta. Mejor agárrelos del cuello y arrójelos al cesto, colega, a esos idealismos. Déjese de pequeñeces y chúpese los dedos, colega. Arránquese con la lengua rasposa las manchas de oxido, y póngase a escribir, hijísimo de la gran puta, que la realidad lo abofeteé hasta que la sangre aparezca.

¿Me creerás -me preguntó ese amigo, que esta vena mía se tapó de tanto acumulársele la grasa, y espero no sea la yugular, porque en dos años habré muerto?

Nos veíamos de frente, y su ademan era de ambos puños entreabiertos haciendo una manguera. Y me insistía hablando de su vena taponeada, y me mostraba su blackberry, y hacia de nueva cuenta el ademan de la manguera con los puños. Entonces yo entendía que no estaba refiriéndose a los aconteceres carótidos de un infartado. Sino a su nostalgia de no recordar en esencia sus vínculos pasados, cuando la lejanía todavía existía, antes que su mundo desapareciera para siempre.

Eso es lo que me duele –me decía: la forma en que he cambiado, que todo alrededor de mi se ha trivializado, que yo mismo he perdido consistencia. Es como si esa vena mía que me exaltaba se hubiera tapado para siempre. Ahora vago desilusionado de lo que me he transformado. Y no entiendo ya donde esta mi lugar y mi sentido.

Animales, sujetos al destino de los impulsos exteriores, nuestro ser fluye cambiante, solitario, resistiendo los golpes que no menguan, como los de aquél hombre de Vallejo, que solo vuelve los ojos tristemente cuando por sobre el hombro le llama una palmada. Entonces desearíamos entender. Más solo encontramos, sobre la bandeja de nuestros dedos, unos huesos frágiles y enflaquecidos, e intuimos que algo anda mal, y tomamos conciencia de nuestra intermitencia sin remedio, y del acoso del paso del tiempo que hiere hasta enflaquecer las fuerzas, llevándonos por fin a reconocer que vamos camino a que se acabe todo, y que ningún consuelo es suficiente, ni siquiera el carpe diem del romántico de sombrero alado, porque enfrente esta el espejo de nuestra cotidiana soledad, que con la crudeza apropiada nos muestra la verdad debida.

2.5.10

Latitud 33 Sur

Mi cuarto en Valparaíso tiene todos los atributos necesarios para ser un gran cuarto. El precio ni muy muy ni tan tan, sino los 600 varitos de rigor que se agradecen. Su nombre debería omitirlo, para que no me tilden de vendido propagandista. Mas empalagarme de su rítmicas palabras se precisa, adentrarme en la montaña lluviosa de las araucarias y evocar los hongos negros de costras húmedas, que crecen junto a líquenes en cañadas chilenas: “Hotel Latitud 33 Sur”.

Si empezáramos por partes, por lo importante, y fuéramos damas, palomearíamos del baño los anexos: gorra de pelo, pantuflas acolchonadas, chorro grueso. Pero mejor salgamos hacia las flores violetas del patio, y caminemos montaña arriba del Cerro Concepción, entre la herrumbre de callejones inhóspitos, sumidos en orines de animales dormidos casi muertos, perros de lagrimales exprimidos y uñas sangrantes, paso a paso y calle a calle la respiración que acompaña hasta la terraza del Coffee Bar Bringhton, una mesa sin mantel, una cerveza negra Kunstmann Bock originaria de Valdivia, vestigio alemán que inunda el sur de este largo dedo. Como el mozo sugiere ostiones chilenos con gajos de cítricos sellados y flameados en whisky con salsa de naranja habrá que aceptarlo, burgués estropeado.

Amargo brebaje que en la boca se diluye lentamente: la cerveza negra es lo más cercano al lodo que nos une con la historia. Los barcos cargados de sueños. El ultimo atardecer de Valparaíso que resplandece con su paisaje de ciudad lenta bajo el cerro, su trazo colorido e intrincado de mosaico, la parsimonia de la plaza y, más abajo, frente al abismo, el horizonte grisáceo del océano frio. Un navío holandés, flotando lento, remite a los años cutres y rojos de los cuchilleros del puerto, estibadores de manos grasosas con la agreste y fría hoja de chuchillo palpitándoles el pecho, el canallita porteño, la chora Chueca saliendo de las ultratumbas con su sabor salino, la brisa que pasa rasgando de sospecha una mirada azulina que se asoma detrás de la puerta, es la misma que se cuela a lo alto de los cerros, otro sorbo amargo al brebaje espeso, la intima intromisión del destino, el propósito, mi mujer a la cual le crecen, ahora mismo, mi cuarta y quinta hija en el vientre.

Y continuar por las calles entre ruido de arboles. Subir al cementerio. Transitar por esa callejuela, que parece ser la oscura morada de cualquier sombra, hasta el ascensor Concepción, mecanismo de rueda y freno que controla cajones de madera vieja, lentamente, las manos callosas regulando el acenso, cuarenta metros montaña arriba son de golpe sordo en ataúd de madera, subiendo lentamente la historia misma de este sitio, las ventanas abiertas, la luna y la noche donde faltan solo tus labios de arena, o acompañar a tus lentos pasos de andar tembloroso para emborracharnos de vino con los labios morados, y terminar aquí, entre estas paredes de ladrillo recorriéndote, y quedarnos dormidos encuerados, y despertar entrepiernados.

Todo por Cyntia

Brad vivía en los suburbios con su mujer y era amigo de los tres. Cyntia quería echarse al plato a Charlie, pero él se hacia el despistado. Yo quería tirarme a Cyntia, aunque no me diera entrada. Con Charlie yo no tenía onda. Cyntia consideraba a Brad como el mejor de sus amigos, contándole incluso las intimidades que él desembuchaba al ritmo del tercer escocés.

"Te voy a dar un consejo antes que ella llegue" -- decía, señalándome la frente con el dedo índice: "ponla peda". Después se reclinaba en la silla carcajeándose, agarrándose el bulto. Lo veía cerrar los ojos. Lo veía que a la punta de sus dedos, cual si fuera pulpa de guayaba aguada, le aplicaba un largo lengüetazo agudo. Luego se reincorporaba aliviado. Y de hidalgo se embutía el escocés sobrante.

Chale --pensé. Que personaje.

Charlie era amigo de la infancia de Brad. Tenía la greña larga, y por sus sueños de rock star, despertaba en ella el interés de los que viven al borde. Brad decía que sin billete no era competencia. Cyntia era mi vecina de oficina y era de Brasil. La oficina de Brad estaba en una esquina, al final de un largo pasillo. A ella la escuchábamos llegar tarde taconeando, pintándose los labios en la oficina con su breve espejo. Sabíamos de sus prisas perennes, y coincidíamos que esa flaca huesuda tenía algo. No exactamente su caminar de gacela del que se oían rumores. Tenía algo así como un balancearse despreocupado de espalda rojiza que parecía tormenta, además de un par de melones dignos de elogio, lo que ella evidentemente sabia y presumía con botón desabrochado. Pecas y toda la cosa.

Brad ayudaba a Charlie con sus cuestiones legales. La semana pasada habíamos ido a verlo tocar en un lugar de banqueta rota, de cabezas balanceándose sudorosas y de Cyntia, que desde su camisa sin mangas levantaba rítmica los brazos, dejando ver sus axilas, también sudorosas. Charlie sabía estar en el escenario. Cantaba bien pero hasta allí. No diré mas cosas para que no me piensen envidioso.

El caso es que a ritmo del cuarto escocés, entró Cyntia sacudiendo el paraguas. Acicalándose apresurada le pidió al mesero una botellita de agua. Brad interrumpió la pretensión con un ademan. Le dijo que no, que definitivamente no. Que en esta ocasión la se-ño-ri-ta quería paliar su sed "y las presiones de su extenuante trabajo" con un Gyn Tonic, y que a él lo iban a perdonar por lo vulgar de su lenguaje, pero quien no gozaba de cosquilleo en la entrepierna, después de un Gyn Tonic post laboral, era porque carecía de fervor o porque estaba muerto.

Cyntia accedió mas para evitar discusiones que por cualquier otra cosa. La vi viendo junto a mí el fondo del bar, donde una pareja discutía. La escuche distraída contestarle a Brad algunas cosas de trabajo. La vi recibir su vaso rebosante, con el twist de limón flotando encima de los hielos. La vi agarrar, apenas con las yemas, el curvilíneo trozo verde amazona intenso. Y, recordando la pulpa de guayaba aguada, la vi mordisquearlo lentamente.

Por los linderos del quinto escocés llego Charlie, a entregarle a Brad unos papeles. El bar era de madera antigua, las ventanas estaban abiertas y la pareja se había movido de lugar, porque la lluvia entraba y le había mojado el bolso. Brad hizo otro ademan abrupto. Dijo algo así como que se le iban a llenar de alcohol los papeles. Hablo de descortesía, de folders rojos que lo exaltaban, de que los clientes lo molestaban hasta en la tarde del viernes. Mejor jálate una silla y coordínate un chupirul, "coordínate un chipirul mi Charlie, no ves que excelente compañía" --le dijo, mientras alargaba el brazo para tocar el hombro brillante de Cyntia, huesudo y firme.

Charie entonces, medio riendo, pidió una Samuel Adams obscura, y se sentó a mi lado izquierdo.

--¿Porqué no te dedicas mejor a componer? --le pregunté. Y dejas de preocuparte por lo que todavía no existe. Quieres ser gran artista. Pero la cotidianidad te está arrastrando a terminar siendo nada.

--La vida real está aquí --reviró, y aunque me dan pereza enorme esos temas legales debo protegerme.

--Tienes grandes sueños --le dije. Pero yo creo que querer hacer arte y en paralelo preocuparte por lo legal y monetario, es en sí una contradicción.

-- No, no me malinterpretes. No estoy diciendo que no seas de verdad, o que tu música no sea de verdad.

-- Por lo menos tengo pantalones para hacer algo diferente.

Tal vez ambos pensábamos que no nos escuchaban, porque distraídos estaban con su conversación privada. Pero de pronto Brad se levantó. “¿Ustedes creen que una cosa este peleada con la otra?”

“No, no se levanten que nos estamos yendo.” –dijo, mientras con un gesto sujetaba la mano de Cyntia que sonriendo se incorporaba. “He dejado todo pagado. Quédate con los papeles que no quiero perderlos; además dos boletos filas centrales de Turandot, y una mujer hermosa al brazo, no combinan con un folder rojo.”

Los vimos con prisas abordar el taxi bajo la lluvia. La noche era aun joven y más oscura. Tal vez entonces caímos en cuenta que no recordábamos –o más bien no sabíamos, del tipo de idealismos que estábamos discutiendo. Si es que acaso existen.

11.4.10

Ayer

Con él compartí memorias anteriores a la calle siguiente, cuando el pueblo era apenas ciudad en búsqueda. Las piezas de su drama (inacabadas, borrosas) me han marcado.

Él siempre tenía excusas para no irse a su casa, para seguir la tolvanera desde mi ventana de frente. Nos quedábamos en silencio, sintiendo el sonido de los árboles, viendo las rodadoras que se metían debajo de los carros, que parecían arañas secas junto a los mofles. Después, cuando pasaba el viento, salíamos a la calle a agacharnos, a intentar sacarlas a jalones para prenderles fuego, quemándonos antes la espalda con el pavimento hirviente.
Nuestra amistad era de brazo torcido y quijadas henchidas, nudillos llenos de sangre, tardes que dejaban heridas queloides en los brazos. Nuestros lazos se estrecharon con el paso de los años.
Llegamos a movernos por las calles trasnochadas, dos amigos agarrados de las redilas de las trocas. Peleamos con extraños brabucones, echándoles arena a los ojos. Nos escapamos con hembras pensando portar el rifle apropiado, el único. Más todo eso se perdió con el pasado de la ciudad cambiante. De pronto nuestros cuerpos se ocultaron, se diluyeron, y la ciudad estrechándose nos separó a los confines de sus calles bastas. No volví a verlo. Hasta años después que alguien me dijo que estaba en la cárcel.
En la única visita que le hice le pregunté porque lo había matado.
-No sé. Me cansé.
¿Quieres algo de afuera? –le dije.
-No. No quiero nada.

Desde niño era parco y de monosílabos forzados. Había pasado la infancia en los arrabales cercanos a la noria que colinda con el vado --según me contó. Se había mudado por el trabajo de su padre. Empecé a verlo por las tardes, en la calle polvorienta, intentando disipar la nada. Golpeaba un farol hasta abollarlo con una piedra, se mojaba la cabeza con la manguera, hacia esfuerzos por huir de los calores inacabados. A veces nos quedábamos hasta la noche en los terrenos, y nunca decía nada. Se rumoraba que huía de los gritos de su madre desnuda, de su padre golpeándola.

¿La has visto a ella? –le pregunté.
-No. Ni siquiera sé donde está.

Sus ojos seguían siendo pequeños, su nariz larga, en la celda oscura, sus ojos parecían menos encerrados que antes.

Una tarde desapareció para siempre. Recuerdo que lo buscaron poco y que nos pareció extraño haberlo dejado todo, no ser más, o tal vez ser libre, por fin. Me gustaba pensar en que se había marchado antes de que el tiempo lo truncara. Antes que el desprestigio sometiera a su razón. Antes que sus cadenas fueran más fuertes que la compasión. Nunca hablamos de éxito, de proyectos, de lamentos, sobre todo de lamentos. Pocas veces le escuché palabras sucias, lascivas, hijas de heridas, o que quisieran decir otra cosa. Ni siquiera cuando tiraron por la ventana sus cuadernos, su padre sacó la cabeza reparando en insultos. Lo suyo era un diario continuar en el secreto.
-No. No sé donde está. –me repitió esa tarde, viendo el suelo.
La verdad no recuerdo porque iba a contar esto. Tal vez porque quería recordar el pasado, y fijar la desaparición de mi amigo como inicio del cambio; o --tal vez, porque quería hablar de la ciudad acostumbrándose con el tiempo a sus nuevos ritmos. Pero la verdad no lo sé.

28.3.10

Por la pluralidad.

México es de realidades dispares --un mosaico hermoso, inquieto, exigente. Por ello preocupa que tratemos de orientarlo mediante propuestas reductivas, simplificadoras, que benefician a minorías, como aquéllas que pugnan por construir mayorías artificiales en el Congreso, argumentando la necesidad de un Estado eficiente.

A mi parecer dicha propuesta pone en riesgo la pluralidad del Congreso, y la vida democrática misma del país. Se pretende hacer a un lado a los distintos, a los ciudadanos imaginarios –citando a Escalante, ya que sus exigencias –y sus conductas, no pertenecen a la modernidad, no congenian con el México que queremos que sea. Se dice que la urgencia reformatoria precisa eficiencia, cambiar lo que sea necesario, hacer a un lado los obstáculos. Y cimentados en esa lógica, y con ese trasfondo, hay quienes pretenden implementar reglas que consigan una mayoría parlamentaria que acompañe al ejecutivo.

Esa mayoría parlamentaria significa menos diversidad de interlocutores, eliminación de contrapesos, y el consecuente dialogo de iguales, para que los consensos fluyan blandito. El resultismo como argumento beatificador es cortina de humo, que tiñe y engaña. Porque si nuestra lucha democrática ha sido azarosa, la contrapropuesta abona ruido a una transición tambaleante e inacabada. A mi parecer se pretenden cooptar las herramientas para que, desde una cúpula cerrada, se defina el qué, el cómo, el hacia donde futuro. Con un argumento de eficacia, de logros, al conseguir des-consiguen: esbozándose entonces el regreso a la dictadura perfecta (el baile de la nostálgica añoranza).

Con pragmatismo (¿o podríamos llamarlo cinismo?), se ha llegado al extremo de proponer que, una vez que un parlamento con mayorías avance con las reformas estructurales, la ciudadanía pueda optar por regresar a la normalidad pluralista (decidir, en elecciones intermedias, una conformación parlamentaria distinta). Es decir: se cierra la puerta ahora a los que estorban, y se ofrece la posibilidad de abrirla después, una vez que se haya decidido lo importante. Una sobada de lomo para que se estén tranquilos. La propuesta denota un crudo claudicar a priori, la aceptación expresa de que en la actual coyuntura es improbable la negociación política exitosa: las puertas están cerradas: los puentes quemados: nada más por hacer para la reactivación, salvo el retroceder democrático. Y así, quienes se visualizan detentando el poder en el futuro, quieren solucionar, con parches a la medida, la circunstancia del Congreso empantanado. Darle la vuelta al tema sin atacar el centro, que significa un análisis a conciencia de las causas de la parálisis.

Ante la situación actual, ante las voces que piden mayoría a costa de pluralismo, vale cuestionarnos el origen de nuestra parálisis. No creo que gobernabilidad signifique legislaciones aprobadas, sino congruencia entre mayorías institucionales y mayorías sociales, debate abierto, consenso en lo posible. No se está pudiendo conversar en México. Los golpes contra el pluralismo van de la mano del resquebrajamiento y desprestigio de la izquierda mexicana, de todos aquellos que defienden otro tipo de causas. Denostados y desprestigiados, la campaña mediática desplaza al rijoso, al distinto, a las otras voces. Un gran drama de este país es que algunas clases consideren naco al diputado de la camisa amarilla. Viéndonos a distinta altura nunca conversar podremos. De allí la intención tan burda y pragmática de borrar democracia, para tomar las decisiones solos.

21.3.10

Espejo

Ora sí que no es de a gratis estar en hoyo profundo, con el agua hasta el cuello, en esta tierra de colosales mentirosos, de desorganizados a ultranza, de egoístas desnudados por la inseguridad que carcome, saboteadores de éxitos ajenos, machos vende patrias, chovinistas y maquilladores compulsivos de libros de texto, fanfarrias y catafixias que adornan el altar del todopoderoso, donde un logro mayor es alcanzar anhelos de la mano de chabelo, auto engañados todos por la dadiva o complacencia, ansiosos de pertenecer, aunque sea de inercia, al influjo parco, erudito e informado de los noticieros de toda la vida.

Estamos como estamos por la mierda que en nuestra ignorancia aguantamos a cucharadas: lo que nos venden como verdad: el pescuezo sometido y la cabeza gacha. Por ignorar en esencia lo que ata o libera, aquello que nos tiene de polvo hasta las narices, la componenda con el compadrito que recién consiguió el orgulloso hueso, que arremangándose se moja los bigotes acicalándose de polvoreadas por lo que se echará al plato, compartirá un Merlot Sauvignon Blanc, así, pronunciándolo muy afrancesado, para que todos sepan de sus viajes, sus viáticos, que ya trepó el escalafón, que anda al mismo nivel de los pandrosos hace-cine que son nalga encuerada con sus creaciones de risotada fácil, a la par de vedettes en decadencia que al brazo de políticos encumbrados generan el delirio del respetable, multiplicados, magnificados, perfeccionados por la caja televisora vende-patrias-aniquila-intelectos-genera-idiotas, la pájara peggy y todos sus polivoces, la imaginaria de siempre que engañando continuamente parece no agotarse.

Pero no señores, estémonos quietos, y veámonos al espejo: nuestro desprecio por el otro flota en el aire, el sospechosísimo ante todo lo que diga unámonos. Mejor solos y en declive cubiertos de lodo. Destruyendo playas, llenándolas de basura, sumidos hasta el cogote de desequilibrios ecológicos, ignorancia brutal que transfiere las arenas, saqueadores de arqueología, incendiarios de guarderías, el billete a la capital y es para pocos, y así seguimos, en el vacio transitar de todos los despertares, conformándonos con satisfacciones a medias, aguantando bofetadas por los siglos de los siglos, y después a lo que sigue en la soledad de siempre. No de a gratis tenemos los índices mundiales más altos de eyaculación precoz. Egoístas de beneficio propio nada en pareja funciona, solo el ojo blanco el mío a la hora del chisguetazo.

Negados para la solidaridad salvo en ocasiones extremas, egoístas ladinos con mascaras a más no poder, anhelando un difuso destino manifiesto, que nuestra raza cósmica se asome y decante, fanáticos estériles de futbolistas descoloridos, impulsivos amantes de la isla del padre, brisas californianas, el spa rejuvenecedor, el objeto innecesario, encopetados preocupados por uniformar al servicio domestico, voces incoherentes defendiendo curas pedófilos, la misa del domingo, bebedores anónimos de cerveza desperdiciada, ingratos viernes de oportunidades perdidas, carcajada fácil y nulo rigor, doble voz, doble lenguaje, mínimo esfuerzo, tirar por la ventana la basura sin que cueste trabajo, menta madres desde el claxon al que hizo bien las cosas. Así, capados por nuestra historia, llenos de mascaras, lambe-huevos insólitos porque así nos lo impusieron, desde el tlatoani, desde el virrey, anquilosado lenguaje revolucionario de liderazgos que añoramos nos regrese al camino de la cordura, corruptos lacónicos hipócritas a más no poder, puritanos homofóbicos reprimidos a consta de no ser, vicios generales como espejo de descomposición compleja que nos invade y nos somete.

¿Dónde estamos, cual es nuestro destino? --podríamos preguntarnos. ¿Cuál es nuestro ser o idiosincrasia? ¿O es que únicamente somos uno más en permanente mutación? Una vorágine de yuxtapuestos rostros sin cohesión alguna, cuya unidad no va a ninguna parte, no tiene destino que perdure, nada que nos una más allá de los tres colores obligados, transitando como cualquiera sin solidaridad al prójimo, escupiendo al jodido, cerrando los ojos al semáforo y solo por la ventanilla desperdigar monedillas, y lo demás no importa porque hay que seguir tranzando, que se joda el otro e incluso el país, porque su significado ignoramos, ni sabemos si existe, y solo atestiguamos tierra, un montonal de mierda, y algunas cuantas miradas preocupadas, o que dicen estarlo, desde una falta de rigor muy nuestra.

14.3.10

Buscando Soluciones

A continuación un listado de respuestas, de personas diversas, a la pregunta ¿dónde crees que está la solución a los problemas actuales?:
1. La solución a largo plazo está en nosotros mismos, en las familias, en la educación. Debemos ocuparnos de educar a nuestros hijos de manera consciente y honrada, debemos darles las armas para salir adelante de forma honesta. Esto solo se logra con mayor enfoque en las familias, pues son los niños o jóvenes provenientes de familias disfuncionales los que delinquen y corrompen a su alrededor.
2. Mayor industria y fuentes de empleo resultan en mejores salarios y mayores oportunidades. Resultan en familias mejor atendidas, con menos problemas, menos tentaciones y por ende mejor educación (de hogar y de escuela).
3. Mejorar la policía, unificación de los diferentes niveles (Municipal, estatal y federal). Profesionalización, debemos lograr que sea un trabajo que muchos quieran hacer, bien pagado, y no por las oportunidades de extorsionar o abusar de la gente.
4. Si lo supiera no estaría aquí!! je je.
5. Algunas ideas: mejor educación, más espacios públicos para jóvenes, más oportunidades de esparcimiento sano (deportes, canchas, parques, etc.) para niños y jóvenes, más actividades culturales, mayor promoción de empleo sobre todo para jóvenes y adultos jóvenes, más prevención de la violencia intrafamiliar, más concientización y sobre todo, mayor participación ciudadana SIN tintes políticos y por el bien de la comunidad.
6. Educación, oportunidades de trabajo.
7. Suena a un conjunto de frases trilladas y descoloridas por el uso sin efecto, pero...creando conciencia y aprendiendo a valorar lo que se nos ha estado yendo.
8. En la educación, la familia, y la participación ciudadana.
9. En la educación, empezando desde la casa, los padres con nuestros hijos, poniendo el ejemplo. En las escuelas, educando BIEN, teniendo BUENOS maestros. No maestros flojos, sindicalizados que se rigen bajo la ley del mínimo esfuerzo y dejan pasar a lo mejor actitudes que se pueden detectar a muy temprana edad. En cuanto a las autoridades, se deben de crear más espacios de esparcimiento, que se fomente la creatividad de los niños y jóvenes, en donde puedan hacer ejercicio, acudir a eventos culturales, leer, abrir sus horizontes.
10. Legalización de las drogas.
11. Cambiar la cultura de la corrupción y la impunidad por un nuevo paradigma educativo. Si lo hacemos y empezamos, tardaremos de 15 a 20 años en revertir las cosas.
12. En la familia, en los círculos sociales cercanos conformados para la convivencia, en empezar a instalar nuevas formas de educación para con los hijos y entre la misma sociedad y en que la economía regional debe de tener una nueva dinámica de remuneración y desarrollo.
13. En primer lugar, la aplicación de la ley y que se acabe la impunidad. Después, el cambio de leyes para que sea más fácil hacer que esa gentuza cumpla sus condenas.
14. En cada uno de nosotros. Partimos del ser individual. Debemos de buscar ayudas, formas de ser personas más autenticas, es preciso que todos tengamos la capacidad de descubrir nuestro poder creador, todos somos seres de luz y la tarea es de cada uno lo sepamos y lo descubramos, no allá afuera sino dentro de nosotros.
15. En la participación de la gente, en el trabajo honesto de las autoridades, en la aplicación de las leyes, en la legalización de la marihuana.
16. En cada uno de los ciudadanos, en el robustecimiento de los núcleos familiares y sociales y en buena parte en quienes elegimos para puestos de representación popular.
17. Pues creo que tiene que ver con la corrupción y la impunidad si se aplicaran las leyes como debe de ser si no existieran los sobornos, como es posible que desde las cárceles sigan operando las bandas eso me parece increíble.
18. En la espiritualidad, no hay nada que Dios no pueda resolver.
19. En los valores que se les inculca a los hijos y el ejemplo que dé uno como padre.
20. En el gobierno, como es posible que ganen lo que ganan y no hagan nada deberían de recibir la mitad de su sueldo y la otra mitad dársela o invertirla en educación y en el campo, pero sé que son sueños.
21. Legalizando algunas drogas y depurando las fuerzas policiales, entrenamiento más exigente y un sueldo muy digno a cada policía.

¿Cae usted en cuenta en que gran parte de las respuestas se refieren al problema educativo?

Como no va a ser, si la carencia es palpable en el sistema educativo del Estado: el 98% del presupuesto educativo se “pierde” en gasto corriente. Únicamente el 2% se destina a inversión, a programas de innovación, a reformas curriculares, a proyectos nuevos distintos a la cobertura formal de educación.

Como no va a ser, si la carencia es palpable en el sistema educativo del Estado: Únicamente un aproximado del 65% de la hora clase se cubre. El 35% restante no desarrolla actividades pedagógicas, sino que se pierde en el pase de lista, en distracciones o llamados de atención, en trámites administrativos del maestro o, pragmáticamente, en permisos remunerados del personal docente haciendo actividades políticas desde el sindicato. Son más de 20 minutos promedio por hora lo que los niños pierden. ¿No le parece a usted esto en realidad dramático?

7.3.10

Adios a los Guetos

La vida sin sobresaltos era hija del provincianismo. La época moderna es de cambios súbitos, y la letanía de entonces se fue para siempre. Nuestras sociedades de ahora, más plurales y diversas, denotan la inserción de México a la globalidad, la creciente movilidad de personas, el incremento de la tasa de urbanización, las hondas crisis económicas, la desigualdad atroz, los vicios desde/hacia el gobierno. Nuestro entorno, como todo en el mundo, es un todo cambiante.

Vivimos ahora en ciudades en constante proceso de transformación, donde incluso nuestra propia identidad cambia, nuestra idea del yo, nuestra subjetividad. Sociedades que de pronto despiertan diferentes --no mejores, ni peores: al fin de cuentas la historia no es necesariamente un camino lineal hacia el progreso. Ciudades que experimentan dinámicas complejas, multitud de intereses que abren nuevas oportunidades económicas, opciones nuevas para discurrir socialmente en la diversidad, pero que a su vez trastocan la convivencia tradicional, vuelven retadora la gobernabilidad, desorientan el estar pacífico de todos los habitantes. En suma, realidades que vuelven complejo el estar, el entender. Ahora, el ciudadano de a pie camina nocturno y solitario, por las mismas calles con otras fachadas, por las mismas esquinas con otros ritmos, y desconcertado intenta descifrar su nuevo entorno.

Nuestros jóvenes, los ciudadanos del mañana, están en posición frágil en los esfuerzos por descifrarnos, por replantearnos. En las sociedades modernas los adolecentes flotan en dos mundos: a menudo intentan comportarse como adultos, pero también se les trata como niños. Viven entre la niñez y la edad adulta, e inmersos en un cambio que no entienden, se desorientan. Racionalizar ahora entre los jóvenes la compleja situación del país es toral, y labor familiar, eminentemente. Al margen de perspectivas particulares, considero en lo general que no debe hablárseles desde el miedo, desde la incertidumbre, con mensajes ambiguos, parciales, o desde el sillón de la penumbra mal informada. La realidad debe explicárseles con todas las letras, sus retos, vicios, pero principalmente sus oportunidades, y sus obligaciones.

¿Qué tipo de mexicanos queremos mañana? Yo los quiero preparados técnicamente para la modernidad, pero principalmente con herramientas y sensibilidad para entender y juzgar la falaz democracia que esta oligarquía nos vende. Que tengan capacidad –cuando les toque, de aportar articuladamente para cambiar el status quo. Confrontémoslos desde ahora con el país injusto. Sin cerrarles los ojos. De lo contrario estamos irremediablemente condenados a seguir como estamos.

Debo insistir en la importancia de racionalizar en nuestros jóvenes la actual coyuntura, en forma tajante, como si fuera bistec de carne fresca en la cara. De nada sirve hablar desde un norte moral nacido del ostracismo. Ni desde las ataduras pasadas, o realidades desvanecidas que ya no pueden ser. El provincialismo de sus padres ya no es el de ellos. Su madurar será más temprano. Su sonrisa tal vez más efímera. Pero así es la realidad, y los cambios sociales son una consecuencia lógica e irreversible. Esta época moderna, apenas pequeña fracción de la historia humana, ha presenciado cambios trascendentes, y el ritmo de éstos continuará acelerándose. Es vital que nuestros jóvenes estén preparados –en todos los sentidos, para leer continuamente el presente, y reencausar sus fuerzas en consecuencia. Cuanto lamento las deficiencias del sistema educativo mexicano. Una distracción, un parpadeo siquiera, y podríamos hablar de una generación perdida.

Sin embargo, no dejemos en nuestras casas que nuestros chavos se duerman. Que las bofetadas de lo que ocurre no los paralice. Insisto: saquémoslos a la calle, que convivan con el otro, que interactúen en su juventud, formativamente. Exijamos a la autoridad espacios, programas, esfuerzos para hacerlo. De lo contrario, nuestras generaciones futuras, que ahora crecen en pequeños guetos protegidos, miedosos, replegados, estarán destinadas a concebir la ciudad (a la ciudadanía en su conjunto) como una simple suma de elementos aislados, independientes, que solo se unen por las vías de los automóviles.
http://bit.ly/d05lHZ Articulo impreso

¿dónde colocarnos?

Ese gordo locuaz es un tipo pragmático sin duda, un parlanchin insostenible al que he llegado a querer. Un llavero de cadena apenas se le asoma de lado, como si fuera el catrín melancólico de aquéllas épocas, pantalón desfajado es proemio de conversación desenfadada. Tiene las ideas claras, y eso le respeto. Habla tan rápido, que sus palabras siempre tratan de alcanzar el pensamiento.

La izquierda no va a llegar –me dice, porque México tiene que balancearse entre la derecha y la izquierda, tiene que ser medio, sin volverse radical, porque te vuelves extremista y después ultraderecha. Así no funciona el país. Eso el pueblo no lo aguanta.

Yo lo escucho: una voz chillona y una media sonrisa que encuadra una mazorca amarillenta. Es ya la media noche. Yo lo observo terminar las oraciones con un aire de suficiencia que lo infla, en serio, casi casi a los límites de flotar.

Hace rato hablabas de $5,000 pesos por cabeza --le digo, ¿estabas proponiendo un gobierno paternalista?

Y allí, sin voltear, se arranca derechito: El gobierno no va a ser paternalista. Simplemente va a dar a la gente, a la sociedad en su conjunto, las facilidades de cómo vivir, como mantenerse, como crear oportunidades para que la gente pueda desarrollarse, que no se queden viendo a los demás, que sean también participes de lo que está sucediendo en el mundo. El mundo cambia y tiene que crecer. Hay que enseñar a la gente a leer y escribir primero. Después dar las computadores, dar los medios, darles la oportunidad para crecer. Pero primero aprender a leer y a escribir. ¿De que te sirve el internet si no sabes leer y escribir?

Y si hablamos de educación, no sirve estar dando de gritos y crucificando y reprobando al sindicato de maestros y su actual dirigencia. Al sindicalismo mexicano no lo puedes quitar, lo tienes que renovar (dice enfático, silaba por silaba: re-no-var), porque ese sindicalismo sostiene la estructura económica y social de México. Recordemos que la mujer más poderosa de este país es la que maneja a todos los políticos, la que organiza los grupos, los bandos, ella es el Fidel Velázquez actual. Y con ella tenemos que acostarnos.

Y eso no podría ser negativo, al contrario. Eso funciona, eso da estabilidad. Los países tienen que tener líderes, tienen que haber grupos que organicen. Si no te organizas, no tienes estructura. Ese es el problema del PAN, que no ha podido crecer lo que ha debido crecer en sus oportunidades, porque le ha faltado construir bases. La ñoñocracia no aterriza y no se arremanga y no es pueblo. ¿Solo 5,000 miembros inscritos en el Distrito Federal, cuando hay 22 millones en el área urbana? ¿Sólo 5,000 miembros? El PAN no existe.

Lamento no haberle pedido la fuente de los 5,000 miembros, para verificarlo. Pero, como es su costumbre, cierra la frase sonriendo, y después vuelve, introspectivo:

Es allí donde debemos colocarnos. Economía de centro, liberalizada y moderna, que dé oportunidades y educación a la gente, y donde el control y las estructura sea férrea. Y de allí para adelante. Al cabo confianza siempre va a haber, porque la creatividad de la gente existe. A la gente solo le tienes que dar las oportunidades, eso es todo. Los poderosos tienen que bajarse a la realidad, no se pueden quedar arriba. Tienen que ceder los monopolios y los grupos de poder. Darles oportunidad a los demás. No todo en unas cuantas manos concentradas. Porque si no esto no aguanta.

Y así es como yo lo veo –me dice, despidiéndose con una sonrisa. Me tengo que ir. Es tarde. Y me está esperando una señora que recién conocí, y que tiene unas pestañitas tan largas que parecen de jirafa.

21.2.10

Espacio Público

El país es hoy de violencia, de tejido social roto, de millones de jóvenes que ni estudian ni trabajan, de familias que sufren carencias, de empleos mal pagados, de precios que suben. Un panorama poco alentador, de múltiples aristas, retos, de enorme complejidad. ¿Pero qué hacer? ¿Cómo atacar la problemática? ¿Dónde empezar?

Temas diversos están en la agenda federal. La educación, seguridad, reforma del estado, reforma energética, tributaria, largos etcéteras. Y sin duda, en ese ámbito, amplios consensos se requieren para buscar soluciones. Más a mi considerar hay que actuar en paralelo a nivel micro. Arreglar la casa para hacerla más vivible.

Me refiero a acciones desde el ámbito más cercano al ciudadano –la esfera municipal, donde en la lucha integral contra el crimen, la pobreza, la desigualdad y la falta de oportunidades, debe hacerse un esfuerzo particular en materia de desarrollo urbano sustentable y creación de espacio público. Es prioritario, a mi considerar, una política urbana de vanguardia que haga ciudad. Que procure sitios donde el ciudadano se encuentre y se reconozca, lugares que en sí mismos inviten a la comunión con el Otro. Me explicaré.

México tuvo un acelerado crecimiento demográfico a partir de la década de los setentas. Duplicamos nuestra población en menos de cincuenta años. Los índices de urbanización se incrementaron, abandonándose el campo y recibiendo las ciudades grandes oleadas de gente. Toda esa dinámica fue abrupta, espontanea, y la irregularidad fue la norma. Nuestra limitada planeación urbana –entre otras circunstancias, derivó en las ciudades que ahora resentimos. Hoy, una manzana citadina cualquiera, es pared con pared, ningún parque, sólo ladrillo, bloques, calles, autos, los niños encerrados, las madres frustradas. Imaginen lo que resulta de esa desesperanza.

Hay contadas excepciones, es cierto. Más por lo general el crecimiento de nuestras ciudades ha sido anárquico, y por ello vivimos ahora en engendros desarticulados, no equitativos. El modelo de crecimiento se plagó de círculos viciosos. Ha predominado entre la iniciativa privada el aprovechamiento máximo del suelo vendible, derivando en equipamientos no localizados armónicamente al entrono, implicando grandes desplazamientos, carencias elementales, conjuntos habitacionales que son semillero de nuevas patologías sociales, usos de suelo al gusto de la demanda solvente.
Nuestras ciudades son nuestras casas; su armonía y su belleza es nuestra armonía. Y no hablo aquí de sueños guajiros o ideales fuera de realidad. Habló de ejemplos concretos. Justo como la política de Cambio de Piel implementada en Medellín, Colombia. En esa ciudad (que en algún momento fue la más violenta del mundo) hubo una estrategia integral de educación, de oportunidades, de seguridad, pero también se hicieron intervenciones arquitectónicas de clase mundial, justo en las zonas más desprotegidas, donde se encontraba la violencia, destrucción y desesperanza, allí se hizo obra física bajo el principio “lo más bello para los más humildes” (busquen en youtube las conferencias del ex-alcalde Sergio Fajardo sobre el tema).
Si, espacio público es la respuesta. De los mejores arquitectos, con los mejores acabados, buscando emplazamientos dignos en las zonas más problemáticas. Si se requiere expropiar, tenemos que hacerlo. Si los costos políticos son altos, debemos asumirlos. Se requieren intervenciones puntuales en sitios donde el entorno vive entre violencia y carencia. A esos sitios hay que llevar lo más bello. Sin caer en frivolidades, ni dádivas, ni en sueños fuera de lugar. Hacer el esfuerzo creyendo en la arquitectura, en el espacio, y en su potencial para contribuir a exaltar la convivencia ciudadana.

Las palabras de Barragan en su discurso de recepción del premio Pritzker “el novel de los arquitectos”. Al referirse a los jardines, hablaba de que la majestuosidad de la naturaleza perdura para siempre, más reducida a las proporciones humanas, y transformada, es eficiente remedio contra la agresividad de la vida contemporánea.
Publicación El Siglo de Torreón: http://t.co/q5ITJDD

7.2.10

Recuperar la juventud

Rápido, extraño, cual prosa telegráfica, inconexo incluso, turbio como la cotidianidad: traca-traca, metralleta replicando plomo.

En estas épocas violentas e intranquilas, seguramente a usted le ha pasado por la cabeza reorientar su futuro en otra región, o quedarse aquí, continuar esforzándose en su trabajo, esperar se componga la situación. ¿Se ha cuestionado si sirve remodelar tal o cual casa, empezar algo nuevo, hacer otra bodega, invertir en fierros? ¿Seguir apostándole al país, vale la pena?

Lo piensa entre dudas, y con desesperación, porque los años rápido pasan, y las generaciones se pierden en un parpadeo.

“Para ser joven, uno debe tener un futuro” –escribía Camus. ¿Dónde está el futuro, sí ---en términos generalizados, sólo se distingue un convulso estado de ilegalidad que escala en el país?

Por ahora me viene a la mente la historia de un extranjero que decidió invertir en México. Tanto se creía progresar, que incluso contrató asistentes de muy buen ver, que me presumía sonriente por debajo del hombro. Así estuvo, hasta que su director general lo traicionó. Simulando con bandoleros una huelga, lo echaron de la oficina a punta de picahielos. Ahora, con los pies en el escritorio, intentan robarle su clientela. Su defensa por los causes institucionales es costosa, tardada, y por demás imprevisible. La convulsa ilegalidad, que se apropia de todas las esferas, terminó echándolo de Mexico.

“Libertad no es esperanza del futuro. Es el presente y la armonía de la gente y del mundo en el presente”. La academia sueca premió a Camus con el Nobel porque “el conjunto de su obra pone de relieve los problemas que se plantean en la conciencia de los hombres de hoy”.

En esta época, nuestra conciencia es de miedo, incertidumbre por nuestros hijos, por el destino del país, por la posibilidad de tener una vida digna con plenas libertades ciudadanas. Pudiéramos decidir no invertir en fierros, aferrarnos y aguantar que las cosas se compongan, y por allí transitar en soledad, indefenso estático, al ritmo de las mareas, un paso atrás, no tomar decisiones apresuradas, quedarme quieto. ¿Qué otras alternativas existen?

Los asentamientos humanos –en general, tienen dinámicas similares a las de cualquier organismo vivo. Momentos de esplendor, períodos de mala salud, etapas de transición, períodos de colapso, ruina. El propósito de la ley –y su cumplimiento obligatorio, es precisamente orientar las conductas humanas, y darle perdurabilidad a las sociedades. En términos de economía pura, la legalidad genera certidumbre, inversión, crecimiento, plata, mejoramiento en los niveles de vida, más construcción, mayor gasto, más casas, prediales, impuestos, obras, ciudades de banquetas limpias, menos desempleo, mayor seguridad, libertad; y no el cochinero sucio, tranza, desigual y peligroso de nuestro país.

Pero la teta repleta de lechita pareciere no acabarse, porque la clase política sigue teorizando entre el caos, debatiendo la Reforma del Estado, sentados en sus pódiums elegantes, con la parsimonia del dueño de la verdad, retozando entre eufemismos y citas de teoría política comparada, regodeados con la boca llena en competencia de egos, federalismo disfuncional, los peligros que la reelección entraña (les encanta el verbo “entrañar”), las segunda vuelta, las candidaturas independientes, la necesidad de generar sinergias (también les encanta la palabra sinergia).

¡Señores, no mamen! (seguramente aquí mi querido editor pondrá puntos suspensivos, censurándome de nuevo por “malas palabras”; como si la sociedad estuviera todavía en pañales y hubiera que protegerla). Clase política que, incumpliendo el mandato ciudadano, se sume en la coyuntura del beneficio propio, nadando por el primitivo y antipatriótico lodo del hueso siguiente. Que cierto es aquello que los pueblos tienen los políticos que se merecen.

Y nos desespera y nos preocupa aceptarlo, porque los barriles tienen fondo y la economía premia o castiga. La decepción, el inmovilismo del hombre de a pie, el que cierra las cortinas, abandona los pueblos, el que no trabaja porque no tiene oportunidades, vaga y delinque, las dinámicas perversas que todo invaden, derrumbando ciudades, regiones, países.

Todavía pienso con Camus que podamos recuperar la juventud, la confianza en el futuro --una amiga habla de recuperar la ambición. Pero preocupado veo a mi alrededor, los problemas estructurales que tenemos, y el hecho que nuestros retos sobrepasan en mucho las capacidades de quienes tienen el mando. Y preocupado veo también la tentación autoritaria, o el riesgo de un estallamiento social, y pienso que ambos serian no sólo un retroceso, sino que nos arrebatarían aún más la juventud.

2.2.10

La línea del arco

Marco Polo describe un puente, piedra por piedra.
-- ¿Pero cuál es la piedra que sostiene el puente?
-- pregunta Kublai kan.
-- El puente no está sostenido por esta o aquella piedra –responde Marco--, sino por la línea del arco que ellas forman.
Kublai permanece silencioso, reflexionando. Después añade:
--¿Por qué me hablas de las piedras? Es sólo el arco lo que me importa.
Polo responde: --sin piedras no hay arco.


La metáfora de Italo Calvino, contenida en el libro Las ciudades invisibles, sirve para interrogarnos sobre el futuro de las ciudades. Sus breves textos son joyas de gozo estético.

Sin piedra no hay arco, ni línea que ellas forman. La metáfora es circular, y habla de la complejidad de la vida en comunidad, la interrelación ciudadana, los equilibrios precarios y cambiantes, la masa humana que por dinámica propia busca el reacomodo.

No distinguir entre las fuerzas del orden y la delincuencia–por ejemplo, rompe el ecosistema citadino, y desmagnetiza la brújula de la sociabilidad. Podrán los Estados-nación perder la capacidad de convocatoria y la administración de lo público. Más las ciudades, desde otras dinámicas, desde otros intereses, deben resurgir con nuevas formas de ciudadanía, con referentes más concretos que las abstracciones nacionales. Al fin de cuentas aquí vivimos, y a partir de aquí deben plantearse soluciones para componer las cosas.

Potenciar lo anterior requiere habitantes que luchen, respiren, salgan, participen, lo cual no está ocurriendo en forma generalizada en nuestras ciudades. Desanimado en sus quehaceres, agobiado por la crisis, el hombre desmoralizado. Ante la violencia desbordada el ciudadano temeroso se repliega.

Herido a mansalva. Lacerado en estridencias. El ciudadano se esconde por temor a lo difuso. Proliferan fraccionamientos bardeados–por poner un ejemplo. Segmentado por el dinero, el hombre se encapsula. No conforme de vivir bajo llave, añade a su muro de contención una barda más, ladrillo y lodo, piedra sobre piedra, caseta de vigilancia incluida y lista de visitante para el que se le ocurra asomarse. ¿Es esta forma de vida la adecuada para crear ciudadanía? ¿Alejados del todo, ciegos de todo, podremos generar un cambio?

Es cierto: las bardas no son sólo físicas. Son barreras incluso contra la apertura, contra la inclusión, contra la libertad, contra el respeto al otro. El hombre se siente extraño en el espacio público. No encuentra al otro y desconfía de él. La ciudad contemporánea es de “islas de otredad”, y yo mismo soy otro para los demás.

Así, escondidos en nuestro propio resquicio ya nada nos importa, salvo nuestra pequeña ventana de dos por dos. Mientras tanto todo a nuestro alrededor se empantana.

24.1.10

Algo más que unas simples bolas


Mi hermano que murió también se hubiera regresado los tres pisos, por la escalera humeante del Two World Trade Center, solo para rescatar su colección de bolas de beisbol. Sus razones hubieran sido las mismas que las de ese abogado cubano. Hay quienes maman beisbol desde la cuna. Niños que van al parque de pelota con un guante, donde la ínfima probabilidad alimenta una esperanza muy hermosa. Madres que siguen el partido por la radio, y que de madrugada van por sus hijos al estadio, afónicos de reclamarle el chocolate al ampayita.

El beisbol fue toda mi infancia en la isla –me dijo un día Oliver Reinaldo, sin que viniera a cuento, y en Miami fue lo mismo.

Nos habíamos conocido hace más de 10 años. Fue en una entrevista de trabajo en su oficina, en el piso 40 de esa torre gemela (justo en la que chocó el segundo avión; la primera que colapsándose se sumió en el polvo).

Su especialidad legal era responsabilidad civil, algo gordo, pelón, sentado en su oficina parecía en el sillón de su casa. Durante la entrevista me sorprendió su colección de bolas y con los nudillos lo vi raspar sus costuras rojizas, mientras conversábamos. Ese día no hablamos de beisbol. Después tuve oportunidad de hacerlo, ya que por suerte conseguí el trabajo.

Nuestro despacho rentaba los pisos 39 y 40 de esas torres gemelas. Esos edificios eran una ciudad independiente, con comedores, bibliotecas, estaciones del subterráneo, legiones enteras de autómatas rasgando las suelas diariamente, engabardinados con caras de espanto. Aun ahora no me resisto a creer que todo eso se haya derrumbado.

Fue coincidencia que la oficina de Oliver Reinaldo quedara a un lado de la mía, y con el paso de los meses nos fuimos haciendo amigos, conocí a sus hijos y a su esposa. Él siempre llevaba en la mano un legajo de papeles, y en la otra una pelota, rasgándole sus costuras. Con cualquier descuido comenzaba a hablar de Nelson Santovenia, de Orestes Destrade, del pelotero cubano que es de otra estirpe. Esta pelota es el homerun 42 de José Canseco en la temporada 88 –me decía. Esta la firmó Bart Giamatti, y me veía como si yo supiera de lo que estaba hablando. Las limpiaba y acomodaba en su repisa como huevos de oro.

Trabajamos juntos cerca de dos años, y nos despedimos a finales de 1999, cuando yo abandoné la Gran Manzana. Con los avionazos del 11 de septiembre pensé en él, después hablamos y supe que todo estaba bien, y que los ex-compañeros habían bajado sin problemas. Solamente eso me dijo. No hablamos más detalles. No sé porque no se me ocurrió preguntarle por sus bolas.

Una práctica común en Nueva York es tener camisas nuevas en la oficina. Es habitual trabajar de largo toda la noche, o llegar de un viaje nocturno directo a la oficina, y siempre se agradece una camisa limpia. Lo comentó porque me topé con Oliver años después en un hotel de la ciudad de México, y eso viene a cuento.

Te tengo que contar –me dijo viéndome a los ojos, me dijo como diciéndome tengo que contarte lo que nos ocurrió esa mañana. Nos fuimos al bar y compartimos un trago. Me contó del estremecerse del primer avión, del fogonazo del segundo, del impacto en su torre, de los monitores que temblaron, de lo estúpidos que fueron en no evacuar de inmediato, cuando todo había empezado. Me dijo que él estaba en una sala de reuniones en el piso 39, y que al estallar el avión en su torre salieron corriendo a las escaleras, cumpliendo el protocolo. La escalera era un tumulto humeante y de gritos. Los bomberos ya subían, las secretarias bajaban, alguien bajaba en muletas. Solo entonces recordó las bolas. Aún no sabe que fue lo que lo orillo a regresar por ellas.

En el piso 40 los aspersores regaban una humareda vacía, los ruidos de cristales rotos se oían por todas partes. Según me dijo corrió doscientos metros en record olímpico, y recogió más de treinta pelotas con un golpe de brazo. Imagíname –me decía, imagíname caminando en el Manhattan polvoriento, empanizado de hollín, cargando dos mangas rasgadas de una camisa nueva, llenas de pelotas blancas.

Hay aficiones que inundan más allá de la vida. La de mi hermano que se nos adelantó en el viaje, por el beisbol, también era una de esas.

17.1.10

Pensarnos Juntos

El objeto del presente es solicitar tu apoyo para una investigación. Agradeceré a cualquiera de ustedes que quiera participar, o a quien pudiera darme nombres, ideas, contactos. Más adelante mencionaré las particularidades de lo que pretendo, pero en principio apelo a tu inquietud, a la curiosidad que todos tenemos dentro.

Deseo investigar la idiosincrasia de la gente de la región lagunera, los mecanismos que tenemos como sociedad, como grupo humano diferenciado, para asimilar y afrontar esta época particularmente difícil. Mi tesis es que una región como la nuestra, que ha alcanzado grandes logros, una comunidad que ha vivido épocas de gran pujanza, una zona joven con conglomerados industriales de clase mundial, una gente que hizo florecer el desierto, una sociedad singular por su diversidad, por su heterogeneidad, está particularmente preparada (o más propensa) a generar movimientos espontáneos de solidaridad, de participación ciudadana, que puedan incidir en la recuperación del nuestro desarrollo económico, en la erradicación de la ola de criminalidad reciente, en el fortalecimiento de la cultura democrática. Si es acaso que pudiéramos deducir eso de nuestra historia, de nuestros comportamientos: ¿qué debiéramos hacer para generar círculos virtuosos de participación ciudadana?

Para avanzar requiero –requerimos-- primeramente de objetividad total. Hacer a un lado nuestro sistema de valores, nuestro sistema de referencias, y vernos encuerados, aunque resulte difícil. Justamente este llamado descarriado, cínico, abierto, es un grito pelado en busca de la objetividad compartida. ¿Somos unos rancheros asoleados del siglo XXI, queriendo ser algo? ¿Unos mexicanos ni de la frontera y ni del centro, apenas del norte, bolsa de contención, realmente de ninguna parte?

Recurro al que quiera sentarse en la silla a conversar, a ser fotografiado, ser entrevistado, cámara de por medio, intentar descarnadamente dar una lectura de lo que somos, de lo que queremos ser, de dónde venimos, a dónde vamos. Recurro a cualquier líder de familia que guarde la memoria histórica de sus gentes, de su trajinar, para que me la comparta. Juntos tenemos que recuperar nuestra historia, pensarnos, ser inclusivos, no desechar ideas, vaciarlo todo, identificar cómo hemos solucionado otros retos en el pasado, y pensar la forma de solucionar los de ahora.

No es posible continuar con esta inercia, y dejarnos ir en el derrotero diario, quejándonos hacia el exterior, pensando que las causas de los males nos son ajenas, y nada podemos hacer para afrontarlos. Ejercicio de auto reconocimiento, búsqueda de herramientas.

Como primera opción pretendo profundizar desde la etnología, desde la antropología social, partir del estudio descriptivo de nuestras costumbres o tradiciones. Veámonos en el espejo. ¿Cuáles son nuestras costumbres en este momento, como afrontamos nuestros retos, que comportamientos estamos teniendo? Te pido a ti, amigo, leyendo estas letras, en cualquier descampado lagunero, invítame a conversar de cualquier cosa, abiertamente, tratar de saber que pensamos, donde estamos, que inquietudes, que tan preocupados estamos en saltar este bache ¿estamos seguros de lograrlo?

Un amigo etnólogo me ha dicho que justo ahora, por lo reciente de la descomposición de nuestra sociedad, es el momento de observarnos. ¿Qué piensan los descendientes de españoles, personas de campo, de este cochinero de calles, que el centro está tomado, que no se puede transitar libremente? ¿Qué piensan los descendientes de alemanes? ¿Qué piensan los árabes, comerciantes, de arriba abajo desde temprano? ¿Cuáles costumbres hemos cambiado? ¿Acaso es generalizado el comportamiento de no ver más allá de nuestras narices, imposible encontrar cohesión? ¿Acaso pensamos que por gandallin y sacalepunta, esa actitud tan lagunera de suficiencia, estamos librados?

Últimamente he pensado en voz alta como avanzar con este proyecto. Enmarañado entre vericuetos, decidí ventilarlo a través de estas líneas. Ojala alguna de sus respuestas me brinde elementos para continuar con la inercia, y así tener algunas imágenes, o unas cuantas historias para trazar garabatos sobre nosotros.

10.1.10

Actuar Ahora

¿Acaso ya nos desviamos?

¿Acaso el trauma de nuestro nacimiento, las crisis atroces, la transición fracasada, ha terminado por ligar nuestra idiosincrasia al fracaso?

¿Acaso encausarnos a la legalidad es ajeno a nosotros, es imposible transitar hacia la normalidad democrática? ¿Acaso mi generación está destinada a sobrevivir en el cochinero en medio de la tranza? ¿Acaso la generación que viene tendrá un mejor país? ¿Es más sensato abortar?

Son estos colores lo que amamos tío, estos olores. Por ello lastima verlos desmembrarse, atados al no progreso. Preguntémonos dónde estamos atorados. ¿Acaso ya nos desviamos? ¿Estamos destinados a vivir en un círculo vicioso de conductas, de actitudes, de respuestas?

Los rasgos culturales de las sociedades se moldean con el tiempo. Inciden en ellos el medio ambiente, las relaciones con los otros, la economía misma, la política pública, las cicatrices de la historia. Este bloque de más de 100 millones es un enjambre complejo, un tubo de ensayo nitrogenado. Súmele usted una frontera de miles de kilómetros, con la primera economía del mundo, y lo que tenemos es Tijuana –el paradigma, el cruce fronterizo más transitado del mundo. Eso somos. Una fuerza cósmica que por historia y presente debería ser puntera. Pero no hemos sabido encausarla. Ahora pareciere problema no ser homogéneo, sino un mosaico tortuoso de intereses que no embonan.

Porque precisamente en nuestro mosaico hay fuerzas fácticas cuyos intereses aprisionan, nos limitan, nos detienen (sindicatos, la ciega oligarquía, la burocracia misma, la clase política). Grupúsculos cuya visión particular compromete a la generalidad, bloquean los cambios, fragmentan nuestra idea de futuro. El diagnostico podría ser claro, pero hay quienes toleran la mancha del pulmón --en la radiografía que el doctor muestra a contraluz, porque son precisamente ellos el cáncer, y de él se alimentan.

¿Acaso de nuestra desviación no hay retorno?

Incluso para el pragmatismo cínico es complicado proponer opciones. Cuesta trabajo confiar en la política como herramienta del cambio. A la reforma política, recientemente propuesta por el Ejecutivo, ya le vemos moros con tranchetes, resquicios por donde se escurrirán los bribones. Desconfiamos de la banca de un lado. Cuesta trabajo convencernos que nuestra institucionalidad podrá generar los brazos necesarios para girar el timón. Pocas herramientas hay, para hacer a un lado a los agentes del no-cambio. Todo lo cooptan. Con regularidad compran los votos mismos. O silencian las bocas.

La razón me dice que las soluciones deben buscarse dentro y desde la legalidad. Sin embargo, el inmovilismo --la sensación de retroceso, desespera a todas luces. Es ahora el tiempo, por ejemplo, de aprovechar de lleno la vecindad con Estados Unidos, o de hacer valer el mayor bono demográfico de nuestra historia –nunca ha habido más personas en edad productiva.

No aprovechar nuestras oportunidades de ahora, no cambiar, no avanzar, será un fracaso de costes históricos. Por ello impera definir prioridades e identificar (atajar, erradicar) las fuerzas que se oponen al cambio. Aquí no hay festejos señor Presidente. Su figura, debilitada por sanos contrapesos, tiene aún la fuerza para generar coherencia, fuerza que nace de la historia. No más discursos que a nadie motivan. La desazón es generalizada y peligrosa, caldo de cultivo para los no demócratas.

Necesitamos que haga valer su investidura y recurrimos a su liderazgo. La decisión es ahora (identificar, atajar, erradicar), aunque haya facturas por pagar o compromisos asumidos. La magnitud de los desafíos requiere mucho más que acciones de coyuntura, discursos con buenos deseos. Fallar derivará en mayor incertidumbre, desequilibrio, alimentará aun más las intenciones de los no demócratas, y acabará desmoronándonos del todo.